Una de las estancias del Palacio de Monterrey de Salamanca, propiedad del duque de Alba. EFE/ J.M.GarcíaUna de las estancias del Palacio de Monterrey de Salamanca, propiedad del duque de Alba. EFE/ J.M.García

Vivir en un palacio, ¿lujo o responsabilidad?

Vivir en un palacio en el siglo XXI no es ni demasiado “cómodo ni operativo”, es una “responsabilidad”, se vive en estas casas por “cariño”, dicen algunos de los propietarios

Madrid,  (EFE).- Pese a su abolengo y belleza, vivir en un palacio en el siglo XXI “no es ni demasiado cómodo ni operativo, es una responsabilidad”, al menos eso dicen algunos propietarios de los 38 que aparecen en el libro “Palacios y casas señoriales de España”, editado por Turner.
“En estos palacios se impone la consideración ‘patrimonio cultural’, como testimonio irremplazable de la historia”, explica Ignacio González-Varas Ibáñez en su libro, donde detalla que afortunadamente muchos palacios y villas han sido y son objeto “de esmeradas restauraciones” fieles a su naturaleza artística y arquitectónica.
Cocinas apabullantes, oratorios barrocos, salones tapizados con obras de arte o torreones convertidos en bibliotecas son algunas estancias de las actuales casas señoriales que aparecen en este volumen coordinado por Mariana Gasset quien ha persuadido, entre otros, a los dueños de los palacios de Liria de Madrid, Casa Pilatos en Sevilla o el Pazo de Rubianes de Pontevedra.

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Plaza de San Jorge en Cáceres, en la que se encuentran, de i-d, la Casa de los Becerra, del siglo XV; el edificio del Ministerio de Fomento, y el Palacio de los Golfines de Abajo, este último una casa fortaleza gótica del siglo XV.EFE/svb

“Se vive en un palacio por cariño, pero es difícil y complicado en el día a día”, explica a EFE, Rosario Márquez, encargada de cuidar el Palacio Domecq de la Riva, de Jérez de la Frontera, construido en el siglo XVI, y que hoy pertenece a los herederos de Domecq de la Riva.
“Este palacio permanece abierto todo el año, pero no será lo mismo el día que fallezca mi suegra”, dice con cierta pena Márquez, quien al mismo tiempo cuenta lo bonito que es vivir en esta casa que permite “reunir a toda la familia, en ocasiones nos juntamos más de cuarenta personas entre niños y adultos”.
Reconoce que un palacio requiere trabajo y esfuerzo, se debe cuidar con mimo, al detalle, “resulta gravoso y no tiene las comodidades de una casa moderna, por ejemplo en los baños sale un hilito de agua y la cocina carece de las prestaciones de las actuales”.

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Salón de la gitana del Palacio de Dueñas, fue la casa preferida de la duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James.EFE/ Raúl Caro

La existencia y mantenimiento de estos palacios y casas señoriales con función residencial supone “la perduración de destacadísimos edificios en los que aún se pueden alcanzar la plena comprensión de la arquitectura palacial”, escribe en el libro Ignacio González-Varas Ibáñez.
En el mundo privado del palacio se encuentran los, gabinetes, tocadores, guardarropas, apartamentos, habitaciones, oratorios y zonas de servicio.
En el público, salones de recibimiento, salas de conversación, antecámaras, galerías o escaleras de comunicación; y en el natural los jardines, parterres, fuentes o esculturas.

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Salón privado del Palacio de Liria, presidido por el gran retrato de la XIII duquesa, María Teresa Cayetana de Silva,de Goya. EFE/Zipi

“Más que el propietario eres un administrador del edificio”, explica Joaquín Mencos, dueño del Palacio de los Mencos en Tafalla (Navarra), quien asegura que “es un honor con una enorme carga de responsabilidad”.
El palacio Mencos pertenece a la familia desde hace 440 años, se han realizado remodelaciones en las habitaciones y cuartos de baño, “está bien adaptado, es confortable, en una planta tiene calefacción, pero no vivo en él todo el año”, explica Mencos, quien dice que “mi deber es mantenerlo hasta que muera, tengo la suerte de contar con la ayuda de sus hijos”.
A principio del siglo XX dejaron de levantarse palacios y casas señoriales. El ritmo imparable de una arrolladora modernidad se llevó por delante bellos palacios y casas señoriales: sus dueños se quitaban preocupaciones y obtenían ingresos rápidos.

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Una de las fachadas principales, con cuerpo central encolumnado de estilo dórico, del Palacio de Liria. EFE/Zipi

Pero la mayoría de los palacios han logrado sortear estos envites como es el caso de Can Clota que pertenece a Eduardo Deláa, Barón de Vilagayá quien dice vivir cómodamente en medio de Esplugues de Llobregat en un edificio que en la torre ha alojado una nutrida y valiosa biblioteca.
Las termitas, humedades y goteras son la piedra angular de estos edificios que requieren mucho mantenimiento. Para sufragar parte de esos gastos, algunos dueños y herederos han decidido abrir al público las puertas de su palacio o bien alquilarlo para la celebraciones particulares o simplemente para pernoctar y vivir unos días en palacio. EFE

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